inquire et labora

Inquire et labora

La curiosidad es madre de ciencia y de arte.


El “Homo Faber “espoleado por alguna necesidad, dotado de la curiosidad necesaria para explorar soluciones, entrenando sus manos y poniendo a disposición su corazón, busca y trabaja. Inquire et labora.


Muchos hombres, muchísimo más dotados que yo, han construido nuestra historia, nuestra ciencia, nuestra tecnología nuestras civilizaciones. Han respondido a las preguntas, planteándoselas, errando en visiones y acertando en otras acciones.


He construido mi obra por admiración y lo sigo haciendo. Admiración de los grandes maestros de todas las épocas, de los matemáticos, los físicos, los ingenieros, los pensadores, los arquitectos, dibujantes y artistas, los que descubrieron la velocidad y la exploraron, los que hicieron mapas, máquinas e instrumentos, los que compusieron música, los que hicieron esculturas, los que pintaron frescos y retratos o paisajes, los que abandonaron la imagen.


Pero también he dedicado mucho tiempo a mirar en profundidad obras anónimas, vidas dedicadas a una pasión, a un problema a una solución que no conseguía llegar. Es aquí donde me encuentro mejor, cerca de personas que nunca obtuvieron fama ni reconocimiento hasta mucho después o incluso nunca, pero que aportaron un trabajo callado, cerca de grandes descubrimientos o hazañas de ingeniería, que enlazaron conocimientos diversos para cosas más diversas aún.


Nací en Irún, ciudad frontera.


Los pintores de la escuela del Bidasoa. El escultor Jorge Oteiza, Remigio Mendiburu, Eduardo Chillida, me eran cercanos y conocidos, además de ser refencias, mojones de los que aprender. La Bauhaus, las vanguardias Rusas. Alexander Calder, Noguchi, Hewport, Bertoia. Kazimir Malevich, Rodchenko, Popova, Klee, Kandinski. Velazquez, Goya, Sorolla, Vermeer. Gustave Eiffel, Los Montgolfier, Citroën. Descartes, Euler, Newton, Euclides. Seneca, Cervantes…


Es que el número de gigantes es inabordable cuando tu curiosidad es tanta. Lo más que puedo hacer con mi obra es admirar la suya, y de semejante mezcla, si mi talento lo permite, hacer algo honesto, algo cerca de semejante bagaje de ancestros, de los que sólo puedo tomar prestado para consolidarme a mí mismo en mis muchas preguntas y tratar de dar alguna conclusión.


Cuando estaba en mi época más fértil de constructivismo, presenté una exposición en un pueblecito cercano a Cholet, aquí cerca del Loire, que es donde me han traído las brisas. Toda ella era constructiva, más de 30 cuadros de gran formato. Una periodista de edición local, después de escuchar mi presentación del trabajo, me denominó: “Le Mathématicien des couleurs". (Matemático de los colores)


Esa mujer supo ver lo que decían mis cuadros y esculturas, nunca me he sentido mejor que aquel lejano día.


Otro momento glorioso para mí fue cuando un buen amigo (Fernando García Alonso) con el que comparto muchas aficiones, me escribió un prólogo para mi libro “MIRANDO POR EL RETROVISOR”. Si algo me ha atrapado en esta vida son las máquinas con ruedas, y la mecánica de engranajes y motor de explosión. Eso me convierte en un dinosaurio.


Hice mis estudios con regla y cartabón, con la aportación de la última innovación que era el rotring, y la calculadora científica, explorando bibliotecas y prontuarios, escribiendo a mano. Soy lo que se puede definir como un hombre analógico, artesano y que ama el alma del metal, y el óleo con aceite de lino y esencia de trementina.


Ya no trabajo en los grandes formatos, pues me parecen presuntuosos por mi parte, y prefiero hacer cosas de pequeño tamaño. Me sirve cualquier soporte para pintar, desde la puerta de una casa, hasta una pared, papel, tela. Admiro la mecánica y me recreo en los “inventos ya inventados” que traigo y rehago para que mis hijos sepan de donde venímos su abuelo y yo.


Cuento historias que están vividas por mí o constatadas de la vida de otros. Las cuento con todo lo que dispongo, con línea, con color, y con dimensiones metálicas, incluso con letras o fotografías.


Busco y trabajo, además de no dejar de admirar nunca lo ya creado y que pasa al olvido.


Somos pasto de olvido.

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J. R. G.

Y SUS OBJETOS